jueves, 18 de mayo de 2017

Estúpida esperanza que te cree ver volver sobre tus propios pasos, recordando cada rechazo y haciéndolo realidad. Donde te arrepentís de tus dichos y caes en una cuenta absurda de que lo que hiciste esta mal. Te puedo ver llegar por el mismo camino al que acudiste a mi por primera vez. Puedo ver como sin recordar nada, te acepto nuevamente. Siento al capricho más fuerte que el amor.
Esa ultima cosa que nunca perderé pero que quizás algún día deje de esperar. El peso de tu orgullo que nunca se va a caer, el mismo que no me deja pensar que un "no" va a ser siempre así. Que un "no quiero" sobrepasa cualquier intento. La caída de mi ego, de mi dignidad, de todo lo que supe hacerte creer y yo misma me dediqué a hacerlo trizas.
No puedo asegurar que te quería pero si que tenías una fuerza poderosa sobre mi. Y nuevamente el capricho, ese andar sin fin en busca de algo que me hace mal. Algo que no me corresponde, algo que no me quiere a su lado.
Tu hermosa manía de sonreír en el momento justo y hacerme creer que era posible, agarrándome a mas no poder de una cuerda que desde un principio tenía fin. Que cortaba en el momento exacto en el cual te acepté. Ese pacto que firmé con dolor. Creé una película que siempre tuvo final, y vos lo sabías, y yo no lo pude manejar.
Choqué con una pared repleta de las limitaciones que vos me ponías, con los límites que me impusiste.
Estúpida esperanza que te ve venir. Estúpida manía de pensar que siempre te diría que si.

lunes, 27 de marzo de 2017

Nuestro deseo enjaulado que esa noche pudo hacerse realidad. Eras vos, eras ese hombre por el que me desvele más de una noche teniéndolo a pasos de distancia. Era tu forma de reír y sobresalir, la de llamar mi atención cada vez que nos encontrábamos frente a frente sin saber que cruzaba por tu mente. Fue tu mano la que esa noche me guió hacia vos. Donde la distancia de esas habitaciones se acortó y me acercaste tanto que dolió. 
El fuego en tus ojos mirándome fijamente, ardiendo a cada instante, confirmando la imagen que rondó por mi cabeza tantas noches de soledad. Tu cuerpo emanaba pasión. Podía sentir tu respiración, la cercanía de tu boca era una llamada peligrosa a la cual accedí casi sin dudarlo, como un espasmo incontrolable que salió de mi cuerpo para encontrarnos finalmente. No pude dejar de besarte. Y ese fue el instante en que todo se desató. 
Tus manos que nunca imagine tan fuertes, la manera de sujetarme tan firme mientras me besabas con la intensidad que siempre soñé. Tus dientes... Tus poderosas marcas. El cuerpo que no me cansé de recorrer. Las sonrisas cómplices, los gemidos...tu nombre en cada uno de ellos. Lo salvaje, profundo y excitante de nuestro encuentro. Años desatados en esa cama. Tu rostro como nunca lo vi y tanto imaginé. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Tu hotel de paso, ese rebaño de sábanas mojadas y lágrimas deshechas en todos los rincones donde habita tu oscura magia. Pasando esa puerta no eras nada, te caías en el primer intento de marchitar una nueva alma, de generar falsas ilusiones y sonrisas de mármol.
Pero tenías algo...ese no sé qué, un néctar divino al que todas tus víctimas corrían, sin importar la crueldad con la que las recibías. Tenías algo, nene. Ninguna ninguna pegaba ese grito devastador en búsqueda de ayuda. Tenías maldad y eso nos gustaba.
Tenías esa facha irritable, esa sonrisa gigante y los ojos negros, casi tanto como tu vida. Pero sonreías y el mundo giraba en menos de un segundo.
Era imposible no caer en ese intento de dejarte pasar sin darte importancia, era un combate predestinado a perderse. Huir en un desierto lleno de deseos de volver a esa misma puerta, a ese cuarto, a tus brazos llenos de fuerza con mala predisposición.
Vivir como una fugitiva, sin que nadie me corra, sin que nadie me busque. Con el único miedo de ser yo misma la que entregue sus manos a tus cadenas.