martes, 18 de abril de 2017

Veintisiete de febrero. Tu cumpleaños número veinticuatro. Veintidós horas, tu mensaje. Años esperándolo para que llegue ese día, a esa hora. Y hoy me encantaría que nunca lo hubiese hecho. Me acuerdo que dije "a veces los amores platónicos ahí deben quedarse" pero vos sobrepasaste ese limite tan claro que teníamos. Te vi por la ventana sentado en el auto, esperandome, más lindo que de costumbre. Baje, no te hice esperar, ni ahí ni nunca y ese fue mi mayor error. Cerveza y sonrisas, tu esfuerzo por "ser caballero ya que no acostumbro a esto". Dijiste que no eras de salir así con chicas y por un momento me sentí especial. ¿Qué tonta no? Un comentario tan liviano me hizo sentir eso.
La charla terminó en el banco de la plaza. Hoy pasé por ahí, sonaba Sabina en mis auriculares y te recordé. Quizás por eso estoy escribiendo algo que nunca vayas a leer. Como hiciste con las cosas que si te di a conocer. Nunca las leiste, nunca les prestaste atención. Decía que pase por ese banco y pude ver mi rostro lleno de felicidad al mirarte. Di el primer paso, si, yo te besé. Vos me abrazaste. Vos me apartaste para decirme que solo íbamos a ser sexo. Acepte. ¿Que hice? En ese momento firmé el contrato más triste. Y no se lo dije a nadie, pero me gustabas, realmente me gustabas. Iba a aceptar cualquier cosa que me propongas.
Fue como lo imagine y más, fue intenso, fue mágico. Pero era solo eso. Y no pude manejarlo.
Te llamé, te invite, te hice chistes, te ayude, te espere... Realmente esa noche te espere. Y las que le siguieron. No me canse de esperarte hasta hoy. Hubieron mil mensajes sin respuesta pero este era el único que la necesitaba. Muchas ganas de verte, de pasar un ratito con vos, eso te pedí. Me escuchaste. Y no hiciste nada.
Ojalá pudiera culparte. Enojarme. Decirte algo. Estoy atada de pies y manos, tengo que verte casi todos los fines de semana. Tengo que saludarte como si nunca hubiese pasado nada. "Hay que mantener las apariencias" y por eso me hablabas mal? Si, fui intensa, lo admito. Con la persona equivocada.
Pero de que me iba a enojar? De no gustarle? De no haber entendido sus reglas desde un principio?
Me arrepiento de haberte dicho que si. Me arrepiento de haberme entregado cual objeto sólo por sentirte cerca. Nunca estuviste cerca. Nunca te guste. Y no me puedo enojar por eso.
Pase por ese banco y entendí que la respuesta no iba a llegar. Y que era la última vez que iba a esperarla.

lunes, 27 de marzo de 2017

Nuestro deseo enjaulado que esa noche pudo hacerse realidad. Eras vos, eras ese hombre por el que me desvele más de una noche teniéndolo a pasos de distancia. Era tu forma de reír y sobresalir, la de llamar mi atención cada vez que nos encontrábamos frente a frente sin saber que cruzaba por tu mente. Fue tu mano la que esa noche me guió hacia vos. Donde la distancia de esas habitaciones se acortó y me acercaste tanto que dolió. 
El fuego en tus ojos mirándome fijamente, ardiendo a cada instante, confirmando la imagen que rondó por mi cabeza tantas noches de soledad. Tu cuerpo emanaba pasión. Podía sentir tu respiración, la cercanía de tu boca era una llamada peligrosa a la cual accedí casi sin dudarlo, como un espasmo incontrolable que salió de mi cuerpo para encontrarnos finalmente. No pude dejar de besarte. Y ese fue el instante en que todo se desató. 
Tus manos que nunca imagine tan fuertes, la manera de sujetarme tan firme mientras me besabas con la intensidad que siempre soñé. Tus dientes... Tus poderosas marcas. El cuerpo que no me cansé de recorrer. Las sonrisas cómplices, los gemidos...tu nombre en cada uno de ellos. Lo salvaje, profundo y excitante de nuestro encuentro. Años desatados en esa cama. Tu rostro como nunca lo vi y tanto imaginé. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Tu hotel de paso, ese rebaño de sábanas mojadas y lágrimas deshechas en todos los rincones donde habita tu oscura magia. Pasando esa puerta no eras nada, te caías en el primer intento de marchitar una nueva alma, de generar falsas ilusiones y sonrisas de mármol.
Pero tenías algo...ese no sé qué, un néctar divino al que todas tus víctimas corrían, sin importar la crueldad con la que las recibías. Tenías algo, nene. Ninguna ninguna pegaba ese grito devastador en búsqueda de ayuda. Tenías maldad y eso nos gustaba.
Tenías esa facha irritable, esa sonrisa gigante y los ojos negros, casi tanto como tu vida. Pero sonreías y el mundo giraba en menos de un segundo.
Era imposible no caer en ese intento de dejarte pasar sin darte importancia, era un combate predestinado a perderse. Huir en un desierto lleno de deseos de volver a esa misma puerta, a ese cuarto, a tus brazos llenos de fuerza con mala predisposición.
Vivir como una fugitiva, sin que nadie me corra, sin que nadie me busque. Con el único miedo de ser yo misma la que entregue sus manos a tus cadenas.