viernes, 17 de marzo de 2017

Tu hotel de paso, ese rebaño de sábanas mojadas y lágrimas deshechas en todos los rincones donde habita tu oscura magia. Pasando esa puerta no eras nada, te caías en el primer intento de marchitar una nueva alma, de generar falsas ilusiones y sonrisas de mármol.
Pero tenías algo...ese no sé qué, al que todas tus víctimas corrían, sin importar la crueldad con la que las recibías. Tenías algo. Ninguna ninguna pegaba ese grito devastador en busca de ayuda. Tenías maldad y eso les gustaba.
Tenías esa facha irritable, esa sonrisa gigante y los ojos negros, casi tanto como tu vida.
Era imposible no caer en ese intento de dejarte pasar sin darte importancia, era un combate predestinado a perderse. Huir en un desierto lleno de deseos de volver a esa misma puerta, a ese cuarto, a tus brazos llenos de fuerza con mala predisposición.

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